He aquí la bella letra de tango olvidado.
QUE CAMINE SOLA (Maldición)
Letra: Francisco De Val
Música: Cristóbal Ramos
Mejor interprete: Héctor Mauré
Mil lobos hambrientos rodeen su casa
Una noche fría sin luna en los cielos;
Por haber mentido se quede sin habla
Sus ojos traidores que se queden ciegos.
Que ella quiera tanto como la he querido,
Como fui engañado que engañada sea.
Que no tenga lumbre cuando tenga frío;
Que no tenga nada de lo que ella quiera;
Que camine sola como yo camino;
Que vaya vestida de luto hasta el fin;
Que sea tan negro desde hoy su destino;
Que ya nunca sepa lo que es sonreír.
Buscando una fuente que caiga extenuada;
Que seca le encuentre al ir a beber;
Que solo zarzales vea su mirada;
Ni un árbol encuentre que sombra le de.
Que un día su mano golpee mi puerta
Y que una limosna me pida llorando;
Que sobre una acera nevada y desierta
La encuentre caída sin nadie a su lado.
Que al verla su asusten y corran lo niños;
Que ladren los perros;
Que nadie la quiera;
Que ya nunca sepa lo que es un cariño;
Que ya nunca sepa jamás sonreír.
viernes, 31 de julio de 2009
jueves, 30 de julio de 2009
Un nuevo "modelo productivo"
Retomaré una idea esbozada el pasado lunes: La necesidad de que Salta lidere las demandas por un nuevo modelo productivo nacional.
Una idea que quizá parezca excesiva a quienes piensan que Salta (y por extensión al Norte argentino) es un espacio condenado a vivir de las dádivas del centro, y en donde la mayoría tiene que optar entra la pobreza o la emigración.
Tal escepticismo es expresión ideológica de un modelo productivo que nació en los años 30, impuesto por la gran crisis y la Segunda Guerra mundial. Un modelo que el primer peronismo consolidó con su alianza entre militares nacionalistas, industriales protegidos y sindicatos oficiales. Y que en Salta se tradujo, hasta hoy, en dependencia, subdesarrollo, inequidad social y atraso político.
Sin embargo, el orden mundial que está edificándose tras la crisis global, desafía a los argentinos a diseñar un nuevo modelo productivo que induzca cambios territoriales, políticos y sociales.
Si entre 1880 y 1930 la Argentina se pensó como “granero del mundo”, tiene ahora la oportunidad de ser el “Supermercado” que alimente a miles de millones de seres humanos.
Avanzar en esta dirección requiere liberar las energías productivas de la Nación, cambiar la matriz impositiva y los incentivos, erigir un Estado potente capaz de orientar, regular, equilibrar y asistir.
En tal escenario, nuestra región debería pensarse como un polo agropecuario, energético y minero; con parques científico-tecnológicos, talleres ferroviarios y de maquinarias; con fábricas de alimentos, caminos y depósitos suficientes; con nuevas represas para el riego y la energía. Un espacio capaz de triplicar los servicios de educación, salud, seguridad y seguridad.
El funcionamiento de este nuevo modelo, en el medio plazo, eliminaría la pobreza y demandaría el retorno de los norteños emigrados y de sus hijos, con el rédito añadido de abatir la cabeza de Goliat y restaurar el perdido equilibrio demográfico y electoral.
(Para FM Aries)
Una idea que quizá parezca excesiva a quienes piensan que Salta (y por extensión al Norte argentino) es un espacio condenado a vivir de las dádivas del centro, y en donde la mayoría tiene que optar entra la pobreza o la emigración.
Tal escepticismo es expresión ideológica de un modelo productivo que nació en los años 30, impuesto por la gran crisis y la Segunda Guerra mundial. Un modelo que el primer peronismo consolidó con su alianza entre militares nacionalistas, industriales protegidos y sindicatos oficiales. Y que en Salta se tradujo, hasta hoy, en dependencia, subdesarrollo, inequidad social y atraso político.
Sin embargo, el orden mundial que está edificándose tras la crisis global, desafía a los argentinos a diseñar un nuevo modelo productivo que induzca cambios territoriales, políticos y sociales.
Si entre 1880 y 1930 la Argentina se pensó como “granero del mundo”, tiene ahora la oportunidad de ser el “Supermercado” que alimente a miles de millones de seres humanos.
Avanzar en esta dirección requiere liberar las energías productivas de la Nación, cambiar la matriz impositiva y los incentivos, erigir un Estado potente capaz de orientar, regular, equilibrar y asistir.
En tal escenario, nuestra región debería pensarse como un polo agropecuario, energético y minero; con parques científico-tecnológicos, talleres ferroviarios y de maquinarias; con fábricas de alimentos, caminos y depósitos suficientes; con nuevas represas para el riego y la energía. Un espacio capaz de triplicar los servicios de educación, salud, seguridad y seguridad.
El funcionamiento de este nuevo modelo, en el medio plazo, eliminaría la pobreza y demandaría el retorno de los norteños emigrados y de sus hijos, con el rédito añadido de abatir la cabeza de Goliat y restaurar el perdido equilibrio demográfico y electoral.
(Para FM Aries)
miércoles, 29 de julio de 2009
La Presidenta y el Gobernador
La reunión entre la señora Presidenta y el Gobernador de Salta, fue una charla entre amigos, con resultados decepcionantes.
La propuesta central del señor Urtubey (creación de un Fondo de Convergencia, mal copiado de la Unión Europea, a través del cual Salta recibiría poco menos que una limosna de 300 millones de pesos), sabe a poco y rezuma improvisación.
En realidad, el señor Urtubey, pese a su juventud, a su reconocida inteligencia jurídica y a su sagacidad política, se muestra intelectualmente preso de ideas rudimentarias, de conceptos anticuados y de lealtades equivocadas.
Lejos de revelarse como el líder federal que Salta precisa, nuestro Gobernador deleitó los oídos de doña Cristina con una propuesta dentro de la lógica estratégica del centralismo unitario.
Vino a decirle: “Déme 300 millones para hacer mas de lo mismo”. O sea, consolidar el clientelismo, congelar a los pobres en su pobreza, dominar a los Intendentes, favorecer a los amigos, garantizar su hegemonía y su reelección, vigilar a la prensa y sofocar disidencias.
La decepcionante propuesta hace aguas por donde se la mire.
Por su itinerario, que ignora a la oposición, a la legislatura y a la opinión pública. Por lo que dice (reasigna fondos ya coparticipados), y por lo que omite (reivindicar los recursos salteños que generan el agro y los hidrocarburos, y los que corresponden a las jubilaciones mal actualizadas).
Mas que subsidios o redistribuciones, Salta necesita que se libere su riqueza de la hipoteca del centralismo.
Precisa, además, liderar las demandas para modificar una estructura que la Argentina arrastra desde 1930. Y proponer un nuevo modelo que multiplique nuestra producción y nuestras exportaciones, y favorezca el retorno de los millones de cabecitas negras que mal viven en el Gran Buenos Aires.
(Para FM Aries)
La propuesta central del señor Urtubey (creación de un Fondo de Convergencia, mal copiado de la Unión Europea, a través del cual Salta recibiría poco menos que una limosna de 300 millones de pesos), sabe a poco y rezuma improvisación.
En realidad, el señor Urtubey, pese a su juventud, a su reconocida inteligencia jurídica y a su sagacidad política, se muestra intelectualmente preso de ideas rudimentarias, de conceptos anticuados y de lealtades equivocadas.
Lejos de revelarse como el líder federal que Salta precisa, nuestro Gobernador deleitó los oídos de doña Cristina con una propuesta dentro de la lógica estratégica del centralismo unitario.
Vino a decirle: “Déme 300 millones para hacer mas de lo mismo”. O sea, consolidar el clientelismo, congelar a los pobres en su pobreza, dominar a los Intendentes, favorecer a los amigos, garantizar su hegemonía y su reelección, vigilar a la prensa y sofocar disidencias.
La decepcionante propuesta hace aguas por donde se la mire.
Por su itinerario, que ignora a la oposición, a la legislatura y a la opinión pública. Por lo que dice (reasigna fondos ya coparticipados), y por lo que omite (reivindicar los recursos salteños que generan el agro y los hidrocarburos, y los que corresponden a las jubilaciones mal actualizadas).
Mas que subsidios o redistribuciones, Salta necesita que se libere su riqueza de la hipoteca del centralismo.
Precisa, además, liderar las demandas para modificar una estructura que la Argentina arrastra desde 1930. Y proponer un nuevo modelo que multiplique nuestra producción y nuestras exportaciones, y favorezca el retorno de los millones de cabecitas negras que mal viven en el Gran Buenos Aires.
(Para FM Aries)
domingo, 26 de julio de 2009
Los ex Ministros
Gracias a la democracia, no hay nadie que nazca ministro, como solía ocurrir en tiempos de las monarquías absolutistas.
Hay que decir, sin embargo, que en la Argentina la formación de los ministros del ciclo democrático no es siempre la mas adecuada, pues llegan al cargo después de una larga carrera parlamentaria, o bien lo hacen desde el ámbito académico o profesional.
Ninguna de estas trayectorias les proporciona los conocimientos necesarios ni la experiencia imprescindible para ser un buen gestor ni dirigir razonablemente bien su departamento.
Pero, a mi entender, la orfandad es mayor cuando del estatuto de ex ministro se trata. ¿Cómo y donde se aprende a ser ex ministro? Pese a ser una tarea ardua, y hasta extenuante en ocasiones, hay muy pocas fuentes donde abrevar en esta materia.
Las memorias de algunos, y solo de algunos, de estos personajes puede ser una buena ayuda.
Transcribo algunos párrafos, leídos por mí oportunamente, referidos a Charles Maurice de Talleyrand que fuera ministro de Napoleón:
“En todas las desgracias que nos ocurren encontramos un momento doloroso que hay que apresurarse a franquear: es como un paso oscuro y difícil, una especie de pórtico entre la desesperación y la resignación. En él colocaría yo precisamente la inscripción contraria a la que Dante puso a las puertas del Infierno. Una vez pasado aquel momento, el espíritu mas sentado mide sus perdidas y se da cuenta de los consuelos que le quedan.
Para un ministro cesante, ese momento se encuentra en el primer día o en la primera noche que siguen a su desgracia.
Hay que desear a todos nuestros ministros que han caído o que caigan, logren franquear en un día o en una noche ese paso subterráneo que, como el de Posilypo, ha de permitirles alcanzar pronto la visión de los cielos mas bellos” . (Carlos de SAINTE-BEUVE “Retratos de mujeres” Editorial Espasa-Calpe, Buenos Aires 1952).
Sin embargo, hay en la Argentina de hoy circunstancias que hacen penosa la condición de ex ministro, aún a aquellos que tuvieron el buen tino de seguir el consejo anterior y liquidar la transición la noche misma de su cese.
Tener que soportar largos tiempos de acoso político y judicial hace bueno el consejo de Madame de STAEL, que aquí modifico levemente: “Si alguien de su familia recibe un ofrecimiento para desempeñar un cargo ministerial, aconséjele que lo desestime”.
(Escrito en enero de 2007)
Hay que decir, sin embargo, que en la Argentina la formación de los ministros del ciclo democrático no es siempre la mas adecuada, pues llegan al cargo después de una larga carrera parlamentaria, o bien lo hacen desde el ámbito académico o profesional.
Ninguna de estas trayectorias les proporciona los conocimientos necesarios ni la experiencia imprescindible para ser un buen gestor ni dirigir razonablemente bien su departamento.
Pero, a mi entender, la orfandad es mayor cuando del estatuto de ex ministro se trata. ¿Cómo y donde se aprende a ser ex ministro? Pese a ser una tarea ardua, y hasta extenuante en ocasiones, hay muy pocas fuentes donde abrevar en esta materia.
Las memorias de algunos, y solo de algunos, de estos personajes puede ser una buena ayuda.
Transcribo algunos párrafos, leídos por mí oportunamente, referidos a Charles Maurice de Talleyrand que fuera ministro de Napoleón:
“En todas las desgracias que nos ocurren encontramos un momento doloroso que hay que apresurarse a franquear: es como un paso oscuro y difícil, una especie de pórtico entre la desesperación y la resignación. En él colocaría yo precisamente la inscripción contraria a la que Dante puso a las puertas del Infierno. Una vez pasado aquel momento, el espíritu mas sentado mide sus perdidas y se da cuenta de los consuelos que le quedan.
Para un ministro cesante, ese momento se encuentra en el primer día o en la primera noche que siguen a su desgracia.
Hay que desear a todos nuestros ministros que han caído o que caigan, logren franquear en un día o en una noche ese paso subterráneo que, como el de Posilypo, ha de permitirles alcanzar pronto la visión de los cielos mas bellos” . (Carlos de SAINTE-BEUVE “Retratos de mujeres” Editorial Espasa-Calpe, Buenos Aires 1952).
Sin embargo, hay en la Argentina de hoy circunstancias que hacen penosa la condición de ex ministro, aún a aquellos que tuvieron el buen tino de seguir el consejo anterior y liquidar la transición la noche misma de su cese.
Tener que soportar largos tiempos de acoso político y judicial hace bueno el consejo de Madame de STAEL, que aquí modifico levemente: “Si alguien de su familia recibe un ofrecimiento para desempeñar un cargo ministerial, aconséjele que lo desestime”.
(Escrito en enero de 2007)
jueves, 23 de julio de 2009
Alitas de pollo
Aunque no siempre tengamos acabada conciencia de ello, asistimos a una verdadera revolución en materia de alimentos. Este proceso de cambios radicales está acelerándose en los tiempos que corren, a causa de la irrupción multitudinaria de consumidores asiáticos y de la enésima crisis del petróleo.
El conflicto que enfrenta a los productores de alimentos con el Gobierno argentino no es sino una manifestación más de aquel sacudón planetario llamado a tener consecuencias duraderas sobre la estructura de nuestras sociedades. Más concretamente, sobre la distribución de la riqueza y, casi simétricamente, sobre el mapa de la pobreza.
Esta breve introducción no preanuncia una reflexión sesuda sobre el tema. Pretende, simplemente, dar un marco general a un fenómeno cotidiano que se advierte en los supermercados, en las carnicerías y en las pollerías salteñas.
Se sabe que, desde siempre, las pautas de consumo guardan relación con la escala social; que el consumo de los ricos y de las clases medias difiere del de los pobres e indigentes.
Si se me permite un cierto esquematismo, me atrevería a sostener que casi todo lo que consume cada sector social presenta diferencias abismales de calidad y de precio.
Con el añadido de que la relación precio/calidad resulta siempre perjudicial para los pobres, como sucede, por ejemplo, con la telefonía móvil donde los pobres que utilizan tarjeta pagan más caro el pulso telefónico, o con los precios de los mini-almacenes de barrio.
Las grasas, los aceites, las galletitas, los jabones, las carnes que consumen las diferentes clases sociales son distintos.
Si los tradicionalistas más pudientes cocinan con grasa pella, los pobres utilizan grasa riñonada. Si los ricos aderezan sus ensaladas con aceite de oliva (no el que produce en Catamarca una conocida familia vinculada con el poder), las clases medias prefieren el aceite de maíz y los pobres aceites de mezclas ignotas.
En las carnicerías, verdaderos santuarios dominicales, los asados y demás cortes que se expenden marcan también distancias de clase. No me refiero aquí a las obvias diferencias de calidad del ganado vacuno, pues es sabido que los pobres consumen vacas criollas (flacas y de carne dura) y el resto puede comprar carne sureña (y hasta hace poco la llamada “tipo exportación”).
Lo que pretendo destacar es que mientras hay quien guisa con blando especial prepara milaneses con ñascha o disfruta de un bife de lomo, hay muchos pobres que hacen su sopa con toncoro (una víscera otrora destinada a los perros de la casa) o con huesos pelados y cocinan con cogote vacuno.
Es cierto que los pobres pueden, de vez en cuando, disfrutar de exquiciteces que también agradan a los pudientes, como es el caso de los tamales elaborados con carne de la cara de la vaca.
Sucede otro tanto con el pollo cotidiano. Los pobres (al menos aquellos que no tienen su propio corral) comen cogote, alitas y rabadilla y hay hasta quien prepara caldos son las patas de gallina.
Días pasados un importante ganadero local expresó que si el gobierno permitiera exportar a los mercados del norte determinados corte que hacen las delicias de norteamericanos y alemanes, él estaría dispuesto a vender el resto de la vaca a precios “sociales”.
Una rápida recorrida por carnicerías y pollerías de la ciudad de Salta me permitió comprobar que algo de esto ha comenzó a suceder, aun cuando no se verifica aquel “precio social”.
Es difícil encontrar, por ejemplo, pechuga de pollo y proliferan las ofertas de alitas, una de las partes comestibles del animal menos recomendable para una dieta equilibrada por su contenido graso.
De alguna manera sucede en Sala lo que en la vieja Europa donde los nacionales comen lo mejor del pollo y venden a buen precio las alitas en el norte de África.
Por supuesto no todo es cuestión de recursos y precios.
Los pobres salteños comen poco, pero también mal por falta de pautas educativas elementales, como lo demuestra la creciente cantidad de obesos que circulan por las adyacencias del Mercado San Miguel y por otros puntos de la ciudad capital.
Quien abusa de las alitas de pollo, del pan y de la soda con vino, sufrirá las mismas consecuencias que sobre la salud provoca el consumo exagerado de hamburguesas y papas fritas.
Que al Señor de Las Costas le importara poco y nada la salud de los pobres se explica por sus preferencias culturales. Pero sorprende que el nuevo Gobierno (que ya está dejando de ser nuevo) no haga nada para modificar hábitos alimentarios malsanos.
Salta, 18 de mayo de 2008.
El conflicto que enfrenta a los productores de alimentos con el Gobierno argentino no es sino una manifestación más de aquel sacudón planetario llamado a tener consecuencias duraderas sobre la estructura de nuestras sociedades. Más concretamente, sobre la distribución de la riqueza y, casi simétricamente, sobre el mapa de la pobreza.
Esta breve introducción no preanuncia una reflexión sesuda sobre el tema. Pretende, simplemente, dar un marco general a un fenómeno cotidiano que se advierte en los supermercados, en las carnicerías y en las pollerías salteñas.
Se sabe que, desde siempre, las pautas de consumo guardan relación con la escala social; que el consumo de los ricos y de las clases medias difiere del de los pobres e indigentes.
Si se me permite un cierto esquematismo, me atrevería a sostener que casi todo lo que consume cada sector social presenta diferencias abismales de calidad y de precio.
Con el añadido de que la relación precio/calidad resulta siempre perjudicial para los pobres, como sucede, por ejemplo, con la telefonía móvil donde los pobres que utilizan tarjeta pagan más caro el pulso telefónico, o con los precios de los mini-almacenes de barrio.
Las grasas, los aceites, las galletitas, los jabones, las carnes que consumen las diferentes clases sociales son distintos.
Si los tradicionalistas más pudientes cocinan con grasa pella, los pobres utilizan grasa riñonada. Si los ricos aderezan sus ensaladas con aceite de oliva (no el que produce en Catamarca una conocida familia vinculada con el poder), las clases medias prefieren el aceite de maíz y los pobres aceites de mezclas ignotas.
En las carnicerías, verdaderos santuarios dominicales, los asados y demás cortes que se expenden marcan también distancias de clase. No me refiero aquí a las obvias diferencias de calidad del ganado vacuno, pues es sabido que los pobres consumen vacas criollas (flacas y de carne dura) y el resto puede comprar carne sureña (y hasta hace poco la llamada “tipo exportación”).
Lo que pretendo destacar es que mientras hay quien guisa con blando especial prepara milaneses con ñascha o disfruta de un bife de lomo, hay muchos pobres que hacen su sopa con toncoro (una víscera otrora destinada a los perros de la casa) o con huesos pelados y cocinan con cogote vacuno.
Es cierto que los pobres pueden, de vez en cuando, disfrutar de exquiciteces que también agradan a los pudientes, como es el caso de los tamales elaborados con carne de la cara de la vaca.
Sucede otro tanto con el pollo cotidiano. Los pobres (al menos aquellos que no tienen su propio corral) comen cogote, alitas y rabadilla y hay hasta quien prepara caldos son las patas de gallina.
Días pasados un importante ganadero local expresó que si el gobierno permitiera exportar a los mercados del norte determinados corte que hacen las delicias de norteamericanos y alemanes, él estaría dispuesto a vender el resto de la vaca a precios “sociales”.
Una rápida recorrida por carnicerías y pollerías de la ciudad de Salta me permitió comprobar que algo de esto ha comenzó a suceder, aun cuando no se verifica aquel “precio social”.
Es difícil encontrar, por ejemplo, pechuga de pollo y proliferan las ofertas de alitas, una de las partes comestibles del animal menos recomendable para una dieta equilibrada por su contenido graso.
De alguna manera sucede en Sala lo que en la vieja Europa donde los nacionales comen lo mejor del pollo y venden a buen precio las alitas en el norte de África.
Por supuesto no todo es cuestión de recursos y precios.
Los pobres salteños comen poco, pero también mal por falta de pautas educativas elementales, como lo demuestra la creciente cantidad de obesos que circulan por las adyacencias del Mercado San Miguel y por otros puntos de la ciudad capital.
Quien abusa de las alitas de pollo, del pan y de la soda con vino, sufrirá las mismas consecuencias que sobre la salud provoca el consumo exagerado de hamburguesas y papas fritas.
Que al Señor de Las Costas le importara poco y nada la salud de los pobres se explica por sus preferencias culturales. Pero sorprende que el nuevo Gobierno (que ya está dejando de ser nuevo) no haga nada para modificar hábitos alimentarios malsanos.
Salta, 18 de mayo de 2008.
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