lunes, 20 de julio de 2009

La noche salteña

Según mis noticias, la noche salteña ya no es lo que era. La masividad de hoy contrasta con las noches del pasado habitadas por reducidos grupos de hombres y mujeres que ignoraban los sanos cánones hogareños.

Los elegantes prostíbulos y las boites, oscuras como la más impenetrable de las noches, han sido reemplazados por púdicas tanguerías, por boliches frecuentados por clientes sudorosos, y por las discretas llamadas a presuntas masajistas (de sexo variado) cuyos teléfonos publica la prensa escrita.

La escueta oferta de las casas de comida de aquel tiempo contrasta con la contemporánea avalancha de restaurantes: El locro que monopolizaba don Pepe GUIRRO se encuentra en infinidad de esquinas; los canelones de Don ANDRES (en la calle Corrientes) se venden hoy en todos los barrios; las parrilladas del famoso Patio Criollo NIEVAS pueden degustarse incluso a la vera de los caminos; los trasnoches de PECHE MITRE (cerca de la terminal de ómnibus) se celebran hoy en las estaciones de servicio.

Algunos nostálgicos tachan de decadentes a las noches de la modernidad. Otros, desafiando las restricciones de la edad, buscan bulines improbables o conjeturales cotorros que revivan el pasado esplendor.

Las nuevas costumbres desorientan a los antiguos donjuanes y casanovas, que añoran a las bellas programeras, las funcionales locas o a las audaces bolilleras, y fracasan ante gatos, categorías y códigos que desconocen. Para colmo, el 98% de las damas que animaron las noches de los 50 y 60, se han retirado a la paz de los nietos y bisnietos.

Los años merman sus energías. Incluso la de aquel señor de la noche salteña que, molesto por los desatinos de un folclorista de moda, le pidió la guitarra, se la destrozó con un cuchillo y luego le indemnizó generosamente.

Hoy la heterodoxia (incluida la musical) nos ha hecho, afortunadamente, más tolerantes y, por consiguiente, mas sabios.

(Para FM Aries)

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