sábado, 21 de marzo de 2009

Sobre el poder perpetuo

En contraste con el viejo y el nuevo analfabetismo, la lectura es un requisito de la Libertad.

Sin embargo, saber leer, no basta. Es preciso que desde niños tengamos acceso a libros y a otros medios escritos, sin que su acceso esté manipulado por el Poder de turno. Como penosamente ocurría entre nosotros -en otros tiempos- cuando era obligatorio leer libros “oficiales” que endiosaban los gobernantes.

En este sentido, se me antoja que buenos padres son aquellos que, entre otras virtudes, inculcan a sus hijos el hábito de leer. De leer, sobre todo, buena literatura.

No se si he confesado aquí antes mi admiración por el Vizconde René de CHATEABRIAND y por una de sus mas celebradas obras: las “Memorias de Ultratumba”, publicada hacia mediados del siglo XIX.

Desdeñando por adelantado las descalificaciones de pedantería intelectual, me atrevo a trasladar a la audiencia una profunda y bella reflexión de CHATEABRIAND sobre el poder, y citar una frase espléndida.

El autor, pese a ser un reconocido monárquico, advierte contra la embriaguez que provoca el poder ejercido por largo tiempo. Y añade que los poderosos pierden toda noción de las cosas terrenas. “Todo cuanto no sea plegaria de rodillas ante sus altares, humildes auspicios y humillaciones profundas, es impiedad. No aprenden nada de la desgracia; la desgracia no es sino una vulgar plebeya que les falta el respeto, y las catástrofes no son para ellos otra cosa que insolencias”.

Los dirigentes que deciden prolongar su vida política, olvidan que, en palabras de CHATEABRIAND, “el mundo se cansará de ellos, y de su ruido”.

La frase es esta y viene inserta en una larga meditación sobre la vida y la muerte de Torcuato TASSO: “Hacen falta grandes tumbas para los hombres pequeños y pequeñas tumbas para los grandes”.

(Para FM Aries)

1 comentario:

Estela dijo...

Seguramente, para mí, no sea éste el horario más adecuado para detenerme a recordar -en un comentario a propósito de ...- paisajes acerca de los "buenos padres". Es un horario, de este lento amanecer del otoño que ya se nos impuso, dedicado a repasar y reflexionar sobre mis tareas diarias de psicoterapeuta. Buena y enriquecedora costumbre que aparece con la calidad del "jubileo" que arrastra esta pésima condición económica de ser una jubilada del estado provincial... (da para más).
Así es como no puedo dejar de recordar -inmediatamente- a mi padre (Prof. José Fernández Molina), ante su acertado antojo, Dr. Caro Figueroa, respecto a la calificación de los "buenos padres". Como ud. lo confirma: "entre otras virtudes" se me apodera el recuerdo de noches de living, tres hijas supuestamente atentas a la lectura, que con su voz inconfundiblemente didáctica, procuraba sumergir en el mundo de aquel "Don Quijote de la Mancha". Lectura que se reiteraría decenas de veces. (Ya, por aquellos tiempos, había hecho suya la concepción de que se trataba de la novela mayor de la lengua hispana).
Con el temor y el rechazo que me producen las idolatrías no puedo quedarme en estos momentos con el recuerdo de otras virtudes ejercidas plenamente en sus quehaceres de buen padre; dedicó sus veranos a la enseñanza prematura de la lecto-escritura a sus tres hijas. Virtud, ésta, que prolongaría sucesivamente con sus nietos. Así, muy a propósito del tema, hoy me pregunto sobre su entregado afán. Habrá sido su tan apreciado amigo "el Ucururo Villegas" uno de los estímulos ?; el que con su especial ingenio cuando escuchaba hablar de "los nietos y sus maravillas...", en ruedas de tertulias y amigos, solía expresar el total rechazo de un tema que sólo abordaba el analfabetismo de pobres criaturas de Dios...
E.F.M.