Tras una azarosa vida de activista político, desde hace varios años pertenezco a una agrupación política, sin personería ni candidatos y aparentemente minoritaria: el Partido Moderado.
Es probable que en las capas más profundas de la conciencia cívica de la mayoría de los argentinos, latan las serenas banderas de la moderación. Sin embargo, si nos atenemos a la realidad cotidiana, nuestra vida política (aunque no solamente política) está prisionera del odio, la crispación, y los fanatismos de signo diverso.
Padecemos de radicalismos verbales y no verbales que reprueban el diálogo, la negociación y los pactos. Pudiera decirse que todo nos separa y que nada nos une. Las cosas parecen estar llegando al extremo de que quién habla con un adversario es reo de deslealtad.
La acción política se hace hoy con y para los amigos, a quienes desde los vértices se demanda incondicionalidad. Quienes viven en el error de la discrepancia padecen las injurias y la intolerancia que generan los instalados en la verdad absoluta.
La memoria histórica, en vez de funcionar como escuela para el futuro que nos enseñe a no recaer en errores funestos, es objeto de manipulaciones que la convierten en un arma que unos arrojamos a otros. En un argumento feroz y contundente para demonizar, excluir y tocar los clarines de la venganza.
Nos invade la manía de dividir la historia reciente en décadas, para interpretar los acontecimientos pasados acudiendo al simplismo de identificar primero a los malos, para crucificarlos, y luego a los buenos, para sumarnos a su legión.
Gran parte de nuestras querellas actuales no son sino intentos de ajustar las cuentas del pasado, usando palabras y argumentos tendenciosos: Así, mientras los “progresistas” buscan enterrar a los “neoliberales”, los opositores se preparan para mandar a la cárcel a los gobernantes; a su vez antiguos subversivos y antisubversivos devuelven mandobles judiciales y mediáticos o se preparan para la contraofensiva.
Sería ciertamente difícil ubicar el origen de este clima que nos envuelve a todos. Sería, además, peligroso intentar atribuir responsabilidades, ya que intentos de este tipo no hacen sino avivar las llamas de los conflictos que, amén de dividirnos, consiguen paralizar o emponzoñar la vida pública en todas sus manifestaciones.
Da igual que se trate de futbol, de asuntos vecinales, de intríngulis policiales o de cuestiones políticas. En cualquiera de estos debates nuestras preferencias se orientan a descalificar al que piensa distinto, a auto exculparnos y a usar frases destempladas.
Como hace ahora 100 años pedía Joaquín V. González en su obra “El juicio del siglo”, deberíamos arrancar del suelo argentino la semilla del odio y hacer germinar la del amor y la tolerancia.
(Para FM Aries)
viernes, 2 de abril de 2010
lunes, 29 de marzo de 2010
La calidad bien entendida
Seguramente nos ha pasado y nos pasa habitualmente a todos los salteños:
De repente descubrimos un producto regional excelente, y al poco tiempo sucumbimos a la decepción que nos produce comprobar que ese producto ha dejado de ser el que era.
Muchos de nuestros artesanos fabricantes de bollos, de empanadas, de humitas, de choripanes, de colaciones, de locros, de empanadillas o de chancacas comienzan su trayectoria comercial acompañados del éxito que se refleja en una clientela seducida por la novedad y la calidad inicial.
Pero, a poco de andar, inexplicablemente, deciden modificar sus recetas originarias, escatiman ingredientes, reemplazan materia prima de calidad por sucedáneos más baratos. Comienzan a perder puntualidad, a relajar los controles higiénicos. La amabilidad con los clientes se resiente.
Su estrategia para defenderse de la inflación les lleva a fijar precios abusivos.
El resultado de este giro es fácil de prever: el negocio se hunde en el olvido y termina cerrando.
Sucede que aquellos pequeños emprendedores se lanzan a la aventura comercial sin la formación suficiente y dirigen sus negocios apoyándose en la picardía, en la informalidad, en la negligencia, en la improvisación, y en el aristocrático desdén por el cliente, tan habituales en casi todos los segmentos sociales salteños.
Si bien estoy centrándome en algunas artesanías, este fenómeno ruinoso se advierte también en empresas medianas que marchan sin reglas que apuntalen la calidad y garanticen resultados homogéneos.
Para no hablar de la Administración Provincial en donde las ambiciosas “Cartas de Servicios” son, al menos por ahora, papel mojado que pocos conocen y en las que nadie cree. Es así como en este ámbito público los servicios se prestan según la cara del cliente, el humor del funcionario, o el estado de las complejas redes que se estructuran según sea la cercanía del ciudadano con el poder de turno.
Más allá de nuestras fronteras los productores de bienes y servicios, ayudados por las normas ISO, han tomado, en porcentajes crecientes, consciencia de la necesidad de poner énfasis en la calidad, en la homogeneidad de la oferta, y en la satisfacción del cliente.
Como una excepción al estado general de nuestras artesanías alimenticias y sin conocer esas normas, mis proveedoras de bollos y de choripanes, mantienen desde hace al menos un lustro la excelente calidad de sus productos.
En cualquier caso, nuestros emprendedores deberían reflexionar sobre la conveniencia de dejar atrás viejos malos hábitos.
(Para FM Aries)
De repente descubrimos un producto regional excelente, y al poco tiempo sucumbimos a la decepción que nos produce comprobar que ese producto ha dejado de ser el que era.
Muchos de nuestros artesanos fabricantes de bollos, de empanadas, de humitas, de choripanes, de colaciones, de locros, de empanadillas o de chancacas comienzan su trayectoria comercial acompañados del éxito que se refleja en una clientela seducida por la novedad y la calidad inicial.
Pero, a poco de andar, inexplicablemente, deciden modificar sus recetas originarias, escatiman ingredientes, reemplazan materia prima de calidad por sucedáneos más baratos. Comienzan a perder puntualidad, a relajar los controles higiénicos. La amabilidad con los clientes se resiente.
Su estrategia para defenderse de la inflación les lleva a fijar precios abusivos.
El resultado de este giro es fácil de prever: el negocio se hunde en el olvido y termina cerrando.
Sucede que aquellos pequeños emprendedores se lanzan a la aventura comercial sin la formación suficiente y dirigen sus negocios apoyándose en la picardía, en la informalidad, en la negligencia, en la improvisación, y en el aristocrático desdén por el cliente, tan habituales en casi todos los segmentos sociales salteños.
Si bien estoy centrándome en algunas artesanías, este fenómeno ruinoso se advierte también en empresas medianas que marchan sin reglas que apuntalen la calidad y garanticen resultados homogéneos.
Para no hablar de la Administración Provincial en donde las ambiciosas “Cartas de Servicios” son, al menos por ahora, papel mojado que pocos conocen y en las que nadie cree. Es así como en este ámbito público los servicios se prestan según la cara del cliente, el humor del funcionario, o el estado de las complejas redes que se estructuran según sea la cercanía del ciudadano con el poder de turno.
Más allá de nuestras fronteras los productores de bienes y servicios, ayudados por las normas ISO, han tomado, en porcentajes crecientes, consciencia de la necesidad de poner énfasis en la calidad, en la homogeneidad de la oferta, y en la satisfacción del cliente.
Como una excepción al estado general de nuestras artesanías alimenticias y sin conocer esas normas, mis proveedoras de bollos y de choripanes, mantienen desde hace al menos un lustro la excelente calidad de sus productos.
En cualquier caso, nuestros emprendedores deberían reflexionar sobre la conveniencia de dejar atrás viejos malos hábitos.
(Para FM Aries)
viernes, 26 de marzo de 2010
La dirección de RRHH en Salta
En los últimos 20 años, el aparato productivo radicado en Salta creció de manera tan notable como desigual. El paralelo y abrumador auge de la pobreza, no alcanza para ocultar la magnitud de aquel incremento.
Asistimos a un desarrollo que ha hecho nacer una importante red de servicios auxiliares que, a raíz de carencias educativas, no siempre se cubre con profesionales locales.
Como consecuencia de esto, los antiguos jefes de personal están siendo reemplazados por directores de recursos humanos encargados administrar el trabajo asalariado.
Sin embargo, el desempeño de estos profesionales, que deberían efectuar un aporte sustantivo a la productividad y a la mejora de las condiciones de trabajo, resulta trabado por un sistema de relaciones laborales centralista.
En la mayoría de nuestras empresas, las condiciones de trabajo y, por consiguiente, el costo laboral, viene impuesto por decisiones del gobierno central o por convenios colectivos negociados en Buenos Aires por cúpulas empresarias o sindicales en donde el peso de los representantes salteños es casi nulo.
La reciente evolución de costos y precios ha comenzado a poner en crisis un sistema remuneratorio que funcionó mientras duró el efecto de la mega devaluación de 2002.
Pese a ello, los sindicatos y las patronales centralistas, con el visto bueno del Gobierno de la Nación, se aprestan a iniciar una nueva ronda de negociaciones salariales que impactará directamente sobre la competitividad salteña y sobre nuestro nivel de empleo formal.
¿Podrán los directores de recursos humanos que actúan en Salta encontrar fórmulas para absorber estos futuros aumentos y, simultáneamente, elevar la productividad de las empresas locales?
El desafío es enorme. Pero no es el único.
La creciente conflictividad social y el avance de la pobreza, debería llevarles a diseñar acciones de responsabilidad social acordes con la realidad local, así como a buscar interlocución con los excluidos que malviven en sus áreas de influencia. El reforzamiento y actualización de las acciones de capacitación forman parte también de aquellos desafíos.
Puede que exista un cierto consenso sobre este diagnóstico de necesidades. Pero hay que advertir que las empresas ni sus directivos de RRHH cuentan con los recursos institucionales para hacerles frente. El no nato Consejo Económico Social, bien podría mostrar un camino de esperanza.
(Para FM Aries)
Asistimos a un desarrollo que ha hecho nacer una importante red de servicios auxiliares que, a raíz de carencias educativas, no siempre se cubre con profesionales locales.
Como consecuencia de esto, los antiguos jefes de personal están siendo reemplazados por directores de recursos humanos encargados administrar el trabajo asalariado.
Sin embargo, el desempeño de estos profesionales, que deberían efectuar un aporte sustantivo a la productividad y a la mejora de las condiciones de trabajo, resulta trabado por un sistema de relaciones laborales centralista.
En la mayoría de nuestras empresas, las condiciones de trabajo y, por consiguiente, el costo laboral, viene impuesto por decisiones del gobierno central o por convenios colectivos negociados en Buenos Aires por cúpulas empresarias o sindicales en donde el peso de los representantes salteños es casi nulo.
La reciente evolución de costos y precios ha comenzado a poner en crisis un sistema remuneratorio que funcionó mientras duró el efecto de la mega devaluación de 2002.
Pese a ello, los sindicatos y las patronales centralistas, con el visto bueno del Gobierno de la Nación, se aprestan a iniciar una nueva ronda de negociaciones salariales que impactará directamente sobre la competitividad salteña y sobre nuestro nivel de empleo formal.
¿Podrán los directores de recursos humanos que actúan en Salta encontrar fórmulas para absorber estos futuros aumentos y, simultáneamente, elevar la productividad de las empresas locales?
El desafío es enorme. Pero no es el único.
La creciente conflictividad social y el avance de la pobreza, debería llevarles a diseñar acciones de responsabilidad social acordes con la realidad local, así como a buscar interlocución con los excluidos que malviven en sus áreas de influencia. El reforzamiento y actualización de las acciones de capacitación forman parte también de aquellos desafíos.
Puede que exista un cierto consenso sobre este diagnóstico de necesidades. Pero hay que advertir que las empresas ni sus directivos de RRHH cuentan con los recursos institucionales para hacerles frente. El no nato Consejo Económico Social, bien podría mostrar un camino de esperanza.
(Para FM Aries)
martes, 23 de marzo de 2010
"Trasvasamiento generacional"
Nuestro Gobernador va mostrándose un experto en el difícil arte de excluir y tumbar presuntos o reales adversarios políticos.
Para ello y como sus antecesores, recurre al poder disciplinante y a la seducción que acompañan el ejercicio de la Primera Magistratura, máxime cuando ella manda desde el embrujado sitio de Las Costas, invadido hoy por caimanes, moderna sede del Poder y de la Corte.
Por este trillado camino reconvirtió antiguos incondicionales, mostrándose magnánimo a la hora de exigirles pruebas de pureza retrospectiva. No puede decirse que en esto haya sido original.
Don Juan Manuel Urtubey, se muestra además como un consumado ejecutor del antiguo arte del ninguneo. Un poco por herencia, y otro poco porque así lo proponen las modernas técnicas del márquetin político.
Aun cuando probablemente no figure entre sus lecturas preferidas, es evidente que el Gobernador aprecia la célebre frase de Mao: “Al amigo, todo. Al enemigo, ni justicia”.
De allí, por ejemplo, que en Cafayate disuadiera al Vicepresidente Cobos de su idea de saludar a un encumbrado adversario político. Es que los buenos modales no siempre son compatibles con los intereses electorales.
Cuando, por esos imponderables, el ninguneo fracasa, nada mejor que apelar a la descalificación de quién se atreva a manifestarse sin sujeción a los cánones oficiales. Aunque se trate de antiguos compañeros de ruta.
A consecuencia quizá de la gallinácea costumbre de firmar decretos, los Gobernadores de provincias, suelen estar tentados a decretar el fin de las carreras políticas de otros, de paso que despliegan ingenio y dinero para eternizarse y envejecer en el poder.
Precisamente en donde el señor Urtubey ha mostrado su fuerza innovadora es en la decisión de condenar al infierno del retiro político a las personas mayores de edad.
Sintiéndose joven y arrollador, Gobernador descalifica a las personas mayores como eventuales actores políticos.
Si bien la política argentina está necesitada de una profunda renovación, no es bueno “tirar un viejo por la ventana” todos los días. Pienso que este necesario cambio es tan generacional como metodológico.
Porque de nada vale ser joven si se está prisionero de las malas prácticas, de los fantasmas o de los odios del pasado.
El gobernador Urtubey, de reconocida sagacidad jurídica, en un ejercicio de modestia debería advertir que así como hay personas más jóvenes que él, los hay más formados, mas cultos y mas capaces.
Y sobre todo, debería hacer honor al respeto que se merecen todas las personas con independencia de su edad.
(Para FM Aries)
Para ello y como sus antecesores, recurre al poder disciplinante y a la seducción que acompañan el ejercicio de la Primera Magistratura, máxime cuando ella manda desde el embrujado sitio de Las Costas, invadido hoy por caimanes, moderna sede del Poder y de la Corte.
Por este trillado camino reconvirtió antiguos incondicionales, mostrándose magnánimo a la hora de exigirles pruebas de pureza retrospectiva. No puede decirse que en esto haya sido original.
Don Juan Manuel Urtubey, se muestra además como un consumado ejecutor del antiguo arte del ninguneo. Un poco por herencia, y otro poco porque así lo proponen las modernas técnicas del márquetin político.
Aun cuando probablemente no figure entre sus lecturas preferidas, es evidente que el Gobernador aprecia la célebre frase de Mao: “Al amigo, todo. Al enemigo, ni justicia”.
De allí, por ejemplo, que en Cafayate disuadiera al Vicepresidente Cobos de su idea de saludar a un encumbrado adversario político. Es que los buenos modales no siempre son compatibles con los intereses electorales.
Cuando, por esos imponderables, el ninguneo fracasa, nada mejor que apelar a la descalificación de quién se atreva a manifestarse sin sujeción a los cánones oficiales. Aunque se trate de antiguos compañeros de ruta.
A consecuencia quizá de la gallinácea costumbre de firmar decretos, los Gobernadores de provincias, suelen estar tentados a decretar el fin de las carreras políticas de otros, de paso que despliegan ingenio y dinero para eternizarse y envejecer en el poder.
Precisamente en donde el señor Urtubey ha mostrado su fuerza innovadora es en la decisión de condenar al infierno del retiro político a las personas mayores de edad.
Sintiéndose joven y arrollador, Gobernador descalifica a las personas mayores como eventuales actores políticos.
Si bien la política argentina está necesitada de una profunda renovación, no es bueno “tirar un viejo por la ventana” todos los días. Pienso que este necesario cambio es tan generacional como metodológico.
Porque de nada vale ser joven si se está prisionero de las malas prácticas, de los fantasmas o de los odios del pasado.
El gobernador Urtubey, de reconocida sagacidad jurídica, en un ejercicio de modestia debería advertir que así como hay personas más jóvenes que él, los hay más formados, mas cultos y mas capaces.
Y sobre todo, debería hacer honor al respeto que se merecen todas las personas con independencia de su edad.
(Para FM Aries)
lunes, 22 de marzo de 2010
Evita y Cristina
Los mismos que tiempo atrás decían que si Evita viviera sería montonera, pretenden hoy que doña Cristina, nuestra Presidente, es lisa y llanamente Evita, desconociendo que Evita prometió volver en millones y no reencarnarse en una.
Dejando de lado el análisis del ideario político de ambas que, en mi opinión, mostraría diferencias abismales, me referiré aquí a aspectos si se quiere menores.
Es cierto que ambas comparten una pasión por el vestuario lujoso. Una pasión que las acerca al pomposo estilo de las antiguas monarquías y las aleja de la sobriedad republicana.
No obstante, quién se adentre en este asunto, que dista de ser un asunto de peluquería de señoras, podrá advertir que el vestuario de Evita era escueto en relación con el fenomenal despliegue que doña Cristina exhibe en actos protocolarios pero también en su vida cotidiana.
Si Evita lució su cabellera engalanada por grandes peluqueros, su belleza resplandecía aún más cuando se soltaba el desbordante pelo. Por el contrario, doña Cristina va siempre de peluquería y exhibe el cotidiano esfuerzo de maestros en el arte de maquillar.
Las deferencia, más allá del tiempo, también la idea de belleza femenina.
Evita, quizá por convicciones de época o porque su juventud lo hizo innecesario, no recurrió a las cirugías estéticas que hoy fatigan el rostro y la estampa de la igualmente esbelta señora Presidente.
Mientras Evita sentía hondamente la pobreza, por haberla padecido, y mostraba su cariño hacia los “descamisados” cuyo trato buscaba afanosamente, doña Cristina luce distante de los pobres y sólo frecuenta a sindicalistas cuya condición de cabecitas negras aparece disimulada por las canas y el atuendo.
Pero hay todavía un punto más en este inventario apresurado de semejanzas y contrastes entre dos mujeres de indudable influencia en sus respectivos siglos. Me refiero al amor, o mejor dicho, a las muestras exteriores de amor hacia sus respectivos maridos.
Y conste que las apreciaciones que siguen para nada pretenden inmiscuirse en la vida privada ni en las intimidades de ninguna de ellas, sino que apuntan a referir situaciones patentes para cualquier observador externo.
En este sentido, además de otros factores reconocidos, la historia de Evita es la historia de su abrazador amor por el General Perón, patentizada en sus gestos en las tribunas, en los dichos de sus discursos más enfervorizados, y en las sobrecargadas páginas de “La razón de mi vida”.
Un amor cargado de romanticismo, que contrasta con otro matizado con pinceladas de vulgaridad de barrio nuevo y frialdad patagónica.
(Para FM Aries)
Dejando de lado el análisis del ideario político de ambas que, en mi opinión, mostraría diferencias abismales, me referiré aquí a aspectos si se quiere menores.
Es cierto que ambas comparten una pasión por el vestuario lujoso. Una pasión que las acerca al pomposo estilo de las antiguas monarquías y las aleja de la sobriedad republicana.
No obstante, quién se adentre en este asunto, que dista de ser un asunto de peluquería de señoras, podrá advertir que el vestuario de Evita era escueto en relación con el fenomenal despliegue que doña Cristina exhibe en actos protocolarios pero también en su vida cotidiana.
Si Evita lució su cabellera engalanada por grandes peluqueros, su belleza resplandecía aún más cuando se soltaba el desbordante pelo. Por el contrario, doña Cristina va siempre de peluquería y exhibe el cotidiano esfuerzo de maestros en el arte de maquillar.
Las deferencia, más allá del tiempo, también la idea de belleza femenina.
Evita, quizá por convicciones de época o porque su juventud lo hizo innecesario, no recurrió a las cirugías estéticas que hoy fatigan el rostro y la estampa de la igualmente esbelta señora Presidente.
Mientras Evita sentía hondamente la pobreza, por haberla padecido, y mostraba su cariño hacia los “descamisados” cuyo trato buscaba afanosamente, doña Cristina luce distante de los pobres y sólo frecuenta a sindicalistas cuya condición de cabecitas negras aparece disimulada por las canas y el atuendo.
Pero hay todavía un punto más en este inventario apresurado de semejanzas y contrastes entre dos mujeres de indudable influencia en sus respectivos siglos. Me refiero al amor, o mejor dicho, a las muestras exteriores de amor hacia sus respectivos maridos.
Y conste que las apreciaciones que siguen para nada pretenden inmiscuirse en la vida privada ni en las intimidades de ninguna de ellas, sino que apuntan a referir situaciones patentes para cualquier observador externo.
En este sentido, además de otros factores reconocidos, la historia de Evita es la historia de su abrazador amor por el General Perón, patentizada en sus gestos en las tribunas, en los dichos de sus discursos más enfervorizados, y en las sobrecargadas páginas de “La razón de mi vida”.
Un amor cargado de romanticismo, que contrasta con otro matizado con pinceladas de vulgaridad de barrio nuevo y frialdad patagónica.
(Para FM Aries)
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