martes, 6 de abril de 2010

Engaña Pichanga

Según la Real Academia de la Lengua el término “engaña pichanga” describe a aquellas cosas que defraudan con su apariencia. En el terreno de las prácticas políticas la frase nombra a ciertas medidas que aparentan ir en una dirección pero encubren los reales propósitos de las autoridades.

El publicitado anuncio hecho por el señor Gobernador de la Provincia de transferir a los Intendentes Municipales la gestión de las ayudas sociales es una verdadera engaña pichanga. Lo es, al menos cuando se presenta la medida como “el no va más” de la transparencia; como el golpe de muerte al clientelismo.

En realidad, lo que ha hecho don Juan Manuel Urtubey no es sino retocar o reestructurar su ahora poderoso aparato político-electoral, movido como se sabe con recursos que directa o indirectamente salen del Estado.

Decir que el clientelismo acaba cuando la distribución de las ayudas sociales pasa a manos de los Intendentes es una afirmación pensada para engañar a los pocos bobos que aún quedan en Salta.

Pues como todo el mundo sabe, son precisamente los Intendentes los más eficaces y directos agentes del clientelismo. Son ellos, sobre todo en las localidades chicas y medianas, quienes conocen a los pobres; saben dónde viven y qué hacer para movilizarlos a votar o a vivar al Gobernador de turno.

Son ellos, los Intendentes, quienes administran premios y castigos dentro del universo de pobres. Los que confeccionan listas negras y fidelizan hasta límites insospechados a quienes dependen de un subsidio, de una bolsa de alimentos, de una beca o del acceso a un plan social.

De modo que la medida de nuestro Primer Mandatario, lejos de la intención que pregona, apunta a consolidar la pirámide de poder que lo tiene en su vértice y cuya base son los Intendentes que, ahora más que antes, le guardarán transitoria fidelidad.

La distribución de las ayudas que hacen los Intendentes no sólo consolida las bases del clientelismo, sino que ratifica la condena a los pobres a peregrinar en oficinas donde reinan la discrecionalidad y las malas prácticas.

Como muestra de ineficacia, mencionaré el caso de un Municipio con 5.000 habitantes (el 40% de los cuales es pobre) cuya “oficina social” cuanta con un único asistente que atiende 3 horas a la semana y que demora más de 6 meses para dar el número de expediente a los ancianos que procuran una pensión asistencial. Vale decir, Los servicios sociales municipales siguen siendo tan rudimentarios como arbitrarios.

Mal que le pese al señor Gobernador, en lo que va de su gestión, poco y nada han mejorado las políticas sociales. Su objetivo no ha variado: asistir a los pobres, pero manteniéndolos excluidos de la plena ciudadanía y de la dignidad del trabajo, cultivándolos como masa de maniobra electoral.

(Para FM Aries)

lunes, 5 de abril de 2010

La basura en Lesser: Un problema grave


El servicio municipal de recolección de residuos que opera en la zona de Lesser (mi barrio), bajo jurisdicción de la Municipalidad de Vaqueros, es una auténtica vergüenza.

A la precariedad de dicho servicio viene a sumarse la actitud irresponsable de algunos vecinos que arrojan desaprensivamente sus residuos domésticos en cualquier sitio, sin preocuparse siquiera por colocar en sus casas un tacho de basura.


Cuando hablamos de servicio precario, hablamos de un servicio con personal sin directivas claras para cumplir con su tarea; hablamos de una frecuencia insuficiente; hablamos de la ausencia de basureros colectivos y de carteles municipales que ordenen la conducta de los vecinos respecto de la basura hogareña; hablamos de la inexistencia de normas que obliguen a los propietarios a colocar tachos de basura acondicionados para atender a las especiales características de la zona.

Para colmo, la civilizada costumbre de separar los residuos para facilitar su reciclaje no ha llegado aún a nuestra villa.

Hoy el problema llegó a límites extremos pues la basura y sus miasmas comenzaron a contaminar la acequia que provee de agua a muchas familias situadas bien sobre el camino a Los Yacones, bien sobre el camino vecinal interior.

Hasta aquí, las autoridades municipales se muestran, una vez más, insensibles al problema.

Pienso, como vecino, que tendríamos que actuar en una doble dirección: De un lado, exigir al Intendente que mejore el servicio y, de otro, buscar formas autónomas que nos disciplinen (por ejemplo fijando días para sacar la basura o sugiriendo separarla con vistas a su reciclado) y alienten la participación de todos.

domingo, 4 de abril de 2010

Defendamos nuestro barrio


Lesser y Castellanos, situados en la órbita de las Yungas, son dos villas de casas bajas rodeadas de arboledas de verdes brillantes, de ríos y arroyos de montaña, de exóticos pájaros bellos y de pacíficos vecinos.

Sus tierras y sus bosques albergan especies animales y vegetales que, por su calidad y diversidad, toda sociedad humana que se precie de tal está obligada a preservar.

Aunque uno pertenece al municipio de Vaqueros y otro al de San Lorenzo, ambos territorios reciben de las autoridades comunales un trato desdeñoso y distante, seguramente a causa de su escaso peso electoral.

Pues bien, según la información disponible, alguien decidió que este hermoso lugar es el sitio más apropiado para elevar un hotel de 40 habitaciones, 3 plantas, extensas playas de estacionamiento y toneladas de hormigón.

Planificó tal desmesura sin reparar en los límites que impone el Código de Edificación de San Lorenzo. Lo hizo imaginando quizá poder burlar o modificar las normas, como burló y modificó la línea de rivera que separa su heredad del Río Castellanos.

Para erigirlo, derribará arboles añosos, agotará el agua que consumen los vecinos, expulsará a aves y animales nativos, dañará el precario camino, contaminará las napas subterráneas. Todo en nombre del falso “progresismo”, que tantas simpatías despierta en los círculos del poder provincial y nacional.

¿Se atreverán las autoridades municipales a legalizar un proyecto incivil y contrario a los equilibrios medioambientales y urbanísticos básicos?

¿Podrá más la prepotencia cortesana del poder o la serena resistencia de los vecinos?

viernes, 2 de abril de 2010

El Partido de los Moderados

Tras una azarosa vida de activista político, desde hace varios años pertenezco a una agrupación política, sin personería ni candidatos y aparentemente minoritaria: el Partido Moderado.

Es probable que en las capas más profundas de la conciencia cívica de la mayoría de los argentinos, latan las serenas banderas de la moderación. Sin embargo, si nos atenemos a la realidad cotidiana, nuestra vida política (aunque no solamente política) está prisionera del odio, la crispación, y los fanatismos de signo diverso.

Padecemos de radicalismos verbales y no verbales que reprueban el diálogo, la negociación y los pactos. Pudiera decirse que todo nos separa y que nada nos une. Las cosas parecen estar llegando al extremo de que quién habla con un adversario es reo de deslealtad.

La acción política se hace hoy con y para los amigos, a quienes desde los vértices se demanda incondicionalidad. Quienes viven en el error de la discrepancia padecen las injurias y la intolerancia que generan los instalados en la verdad absoluta.

La memoria histórica, en vez de funcionar como escuela para el futuro que nos enseñe a no recaer en errores funestos, es objeto de manipulaciones que la convierten en un arma que unos arrojamos a otros. En un argumento feroz y contundente para demonizar, excluir y tocar los clarines de la venganza.

Nos invade la manía de dividir la historia reciente en décadas, para interpretar los acontecimientos pasados acudiendo al simplismo de identificar primero a los malos, para crucificarlos, y luego a los buenos, para sumarnos a su legión.

Gran parte de nuestras querellas actuales no son sino intentos de ajustar las cuentas del pasado, usando palabras y argumentos tendenciosos: Así, mientras los “progresistas” buscan enterrar a los “neoliberales”, los opositores se preparan para mandar a la cárcel a los gobernantes; a su vez antiguos subversivos y antisubversivos devuelven mandobles judiciales y mediáticos o se preparan para la contraofensiva.

Sería ciertamente difícil ubicar el origen de este clima que nos envuelve a todos. Sería, además, peligroso intentar atribuir responsabilidades, ya que intentos de este tipo no hacen sino avivar las llamas de los conflictos que, amén de dividirnos, consiguen paralizar o emponzoñar la vida pública en todas sus manifestaciones.

Da igual que se trate de futbol, de asuntos vecinales, de intríngulis policiales o de cuestiones políticas. En cualquiera de estos debates nuestras preferencias se orientan a descalificar al que piensa distinto, a auto exculparnos y a usar frases destempladas.

Como hace ahora 100 años pedía Joaquín V. González en su obra “El juicio del siglo”, deberíamos arrancar del suelo argentino la semilla del odio y hacer germinar la del amor y la tolerancia.

(Para FM Aries)

lunes, 29 de marzo de 2010

La calidad bien entendida

Seguramente nos ha pasado y nos pasa habitualmente a todos los salteños:

De repente descubrimos un producto regional excelente, y al poco tiempo sucumbimos a la decepción que nos produce comprobar que ese producto ha dejado de ser el que era.

Muchos de nuestros artesanos fabricantes de bollos, de empanadas, de humitas, de choripanes, de colaciones, de locros, de empanadillas o de chancacas comienzan su trayectoria comercial acompañados del éxito que se refleja en una clientela seducida por la novedad y la calidad inicial.

Pero, a poco de andar, inexplicablemente, deciden modificar sus recetas originarias, escatiman ingredientes, reemplazan materia prima de calidad por sucedáneos más baratos. Comienzan a perder puntualidad, a relajar los controles higiénicos. La amabilidad con los clientes se resiente.

Su estrategia para defenderse de la inflación les lleva a fijar precios abusivos.

El resultado de este giro es fácil de prever: el negocio se hunde en el olvido y termina cerrando.

Sucede que aquellos pequeños emprendedores se lanzan a la aventura comercial sin la formación suficiente y dirigen sus negocios apoyándose en la picardía, en la informalidad, en la negligencia, en la improvisación, y en el aristocrático desdén por el cliente, tan habituales en casi todos los segmentos sociales salteños.

Si bien estoy centrándome en algunas artesanías, este fenómeno ruinoso se advierte también en empresas medianas que marchan sin reglas que apuntalen la calidad y garanticen resultados homogéneos.

Para no hablar de la Administración Provincial en donde las ambiciosas “Cartas de Servicios” son, al menos por ahora, papel mojado que pocos conocen y en las que nadie cree. Es así como en este ámbito público los servicios se prestan según la cara del cliente, el humor del funcionario, o el estado de las complejas redes que se estructuran según sea la cercanía del ciudadano con el poder de turno.

Más allá de nuestras fronteras los productores de bienes y servicios, ayudados por las normas ISO, han tomado, en porcentajes crecientes, consciencia de la necesidad de poner énfasis en la calidad, en la homogeneidad de la oferta, y en la satisfacción del cliente.

Como una excepción al estado general de nuestras artesanías alimenticias y sin conocer esas normas, mis proveedoras de bollos y de choripanes, mantienen desde hace al menos un lustro la excelente calidad de sus productos.

En cualquier caso, nuestros emprendedores deberían reflexionar sobre la conveniencia de dejar atrás viejos malos hábitos.

(Para FM Aries)