miércoles, 17 de marzo de 2010

Premio "Senador J. Armando Caro"


Integrado el Jurado

La Fundación COSMOSALTA informó hoy que el Jurado que discernirá el Premio “Senador J. Armando Caro” quedó integrado por las siguientes personalidades: Dr. Carlos VÁZQUEZ IRUZUBIETA (Presidente), Dr. Gustavo BARBARÁN, Presbítero Dr. Julio Raúl MÉNDEZ, Dr. Santiago SYLVESTER y Dr. Miguel HERRERA FILAS.

Como se recordará, este Premio está dotado con la suma de 3.500$ y se otorga al mejor ensayo que aborde temas relacionados con las instituciones, la historia, la economía, la cultura o la realidad social de la Provincia de Salta.

El plazo para la presentación de los trabajos vence el próximo 10 de mayo. Para más información www.iruya.com

martes, 16 de marzo de 2010

Reformar el Consejo de la Magistratura

Los jueces y, por ende, la justicia están, lamentablemente, en el centro de varias tormentas políticas.

Las diversas fuerzas políticas luchan sin tapujos por conservar o conquistar influencias sobre el Poder Judicial. Su incapacidad para resolver los conflictos respetando las instituciones de la Constitución y dialogando en procura de consensos, traslada una enorme carga sobre los jueces.

Si en los años 80 y 90 la politización de la justicia vino de la mano de lo que se conoce con el nombre de “activismo” judicial, hoy este fenómeno está provocado por la voluntad de los actores políticos de buscar en los juzgados sentencias que convaliden o que paralicen actos de gobierno.

La atroz decisión de eliminar adversarios sometiéndolos a denuncias penales cuya tramitación interminable es en sí misma un castigo, forma parte de la convicción antidemocrática de que las elecciones se ganan denunciando sin pruebas.

Por supuesto, en esta lucha, penosa para las instituciones, es el Gobierno quien lleva las de ganar, gracias a la composición del Consejo de la Magistratura, donde una mayoría oficialista, me refiero en este caso al orden nacional, controla las designaciones, los ascensos y las remociones de jueces.

Nos movemos en un terreno donde la bienintencionada reforma constitucional de 1994, que pretendió sacar del mercado político el gobierno del Poder Judicial aunque sin animarse a conformar un órgano superior especializado en el control de constitucionalidad, ha quedado en agua de borrajas.

Entre otros motivos, porque las leyes que desarrollaron el nuevo Consejo se cuidaron de garantizar a las ocasionales mayorías políticas el absoluto control de aquellas designaciones y remociones.

Como se sabe, la ley vigente, aprobada por imperativo del kirchnerismo, es la máxima expresión de aquella voluntad de sometimiento.

Afortunadamente, las fuerzas políticas que en las pasadas elecciones derrotaron al kirchnerismo se han comprometido a reformar la composición del Consejo de la Magistratura.

Sin embargo, casi todos los proyectos de ley presentados hasta ahora apuntan a mantener, bajo otras formas y proporciones, el control de la política partidista sobre los jueces.

Soy de los que piensan que la salud de nuestra democracia demanda que, al menos durante un tiempo, la política con minúsculas ceda a los jueces, abogados y personalidades independientes de reconocido prestigio, el control del Poder Judicial. Lo demanda la imprescindible independencia de la Justicia.

(Para FM Aries)

viernes, 12 de marzo de 2010

La burocracia salteña

Advirtiendo, quizá, las debilidades que muestra la Administración Provincial como ente sujeto al derecho, el señor Gobernador ha ordenado crear una Escuela orientada a mejorar la formación en derecho administrativo de sus funcionarios.

La idea parece buena y, andando el tiempo, podría mejorar las reglas administrativas, la tramitación de los expedientes, y las respuestas que el Estado Provincial brinda a los ciudadanos que deben actuar ante sus ventanillas.

Hoy la dinámica burocrática espanta. Por la pasmosa lentitud, por la escasa preparación de amplios segmentos de funcionarios, por la discrecionalidad a la hora de adoptar decisiones importantes y decisiones minúsculas, por el amiguismo.

También, como no, por el abandono de las formas elementales de urbanidad que se advierte en ciertas oficinas atestadas de sanguchitos de miga, de galletitas dulces o saladas, mates, vendedores ambulantes de ropa interior femenina, de pancheros, de estampas de sonrientes candidatos y ex candidatos, de ídolos deportivos discutibles, de papeles amarillentos y de equipamiento remanente del siglo XIX.

La Administración salteña, salvo en par de excepciones, no funciona al ritmo de los tiempos ni está en condiciones de acompañar (menos de promover) el desarrollo económico o las demandas de servicios públicos esenciales.

Los reglamentos, que no siempre se publican, son farragosos o responden a la súbita inspiración del jefe de turno. Como aquel que obliga a las asociaciones civiles a celebrar un contrato de locación o arrendamiento con quién buenamente se presta a brindar su domicilio para que la entidad reciba notificaciones.

Las reparticiones informan mal al ciudadano. Más aún, lo desorientan con criterios volátiles y arbitrarios. En varias oficinas se piensa que un buen empleado es aquel que, por un mismo asunto, hace volver 3 o 4 veces al administrado. En muchas ventanillas se ignora la obligación de recibir los escritos del ciudadano o se omite hacerle conocer su derecho a recurrir y los plazos para ello.

Ojalá la Escuela del Gobernador sirva para algo. Quizá para cosas simples: como sugerir al Boletín Oficial que incorpore índices anuales, algo tan imprescindible como extremadamente sencillo gracias a la informática; o poner orden en el penoso caos que reina en los expedientes de la ex Caja Provincial de Jubilaciones; o avanzar en la informatización de legajos nuevos y antiguos.

(Para FM Aries)

lunes, 8 de marzo de 2010

Bulevares salteños

Las ciudades suelen evolucionar o retroceder siguiendo la voluntad de su gente y el talento o los caprichos de los intendentes de turno que, en principio, se mueven siguiendo pautas doctrinarias.

Sin embargo el caso de los bulevares salteños no resiste el análisis basado en las pertenencias ideológicas.

Veamos sino. Como recuerdan los memoriosos, nuestras avenidas Belgrano y Sarmiento atravesaron diversas etapas. Primero fueron improvisados tagaretes y cloacas informales; más tarde se transformaron en pretenciosos bulevares. Hasta que un buen día, un atildado Intendente conservador decidió derribar árboles y veredas centrales, para favorecer a su majestad el automóvil.

Por aquel tiempo refundacional, nadie rechistó, pues cualquier oposición estaba prohibida y las finas maneras del Intendente, emblema de progreso y del buen gusto, disuadían incluso a los más avispados vecinos.

Contrariando lo que su supone mandan las ideologías, un Intendente peronista, nacido en la Colonia Santa Rosa, decidió rectificar el erróneo progresismo de su lejano antecesor y tuvo la feliz idea de reponer el bulevar en la avenida Sarmiento.

Esta hermosa calle, que albergó al Ché Guevara de paso por Salta, que acunó a bellas maestras sesentistas poetas de la inmensidad, y en cuyo extremo menos iluminado se desarrollaron audaces romances juveniles, recupera su antiguo esplendor, adornada de árboles incipientes, de adoquines primitivos y de farolas coloniales.

Como faltar, faltan muchas cosas. Por ejemplo soterrar las vías del ferrocarril, completar su semaforización y mejorar la señalética urbana. También, repetir la idea en la no menos bella avenida Belgrano. Y, como no, regenerar la avenida Entre Ríos eliminando malos olores y saneando el pavimento.

Pero todo el inagotable inventario de carencias urbanas no alcanza para retacear una calurosa felicitación al señor Miguel Isa. Por adoptar una buena idea, por su capacidad para llevarla a cabo, por haberla supervisado personalmente, y por desmentir a quienes piensan que peronismo es siempre sinónimo de mal gusto.

(Para FM Aries)

viernes, 5 de marzo de 2010

Minucho Arias Esquiú

Dedicaré el segundo de los homenajes póstumos anunciados a Marcelino Arias Esquiú una personalidad singular que vivió, tan intensa como discretamente, varias décadas de política salteña.

El recuerdo emocionado de Marcelino, mi amigo, es especialmente oportuno en tiempos en donde la política y los políticos están sumidos en un hondo desprestigio.

Años de desaciertos, de siembra inclemente de odios y sospechas, de enriquecimientos y nepotismo, de sectarismos y listas negras, de lealtades sucesivas y oportunismo, están a la raíz de un descrédito que pesa sobre casi todos quienes de una u otra forma frecuentamos el mundo de la política.

Vivimos, ciertamente, un clima descalificador que es urgente revertir pues ninguna sociedad, menos las que aspiran a vivir en democracia, progresa sin contar con líderes políticos honestos y cualificados y con una ciudadanía que exhiba un alto grado de cultura cívica.

Es en este contexto donde sobresale la figura de Marcelino Arias Esquiú, un político que nunca medró con la política, que actúo sin ambiciones personales, que siempre construyó sin jamás ofender, que supo mirar al pasado para evitar errores pero no para buscar revanchas.

Aportó a las corrientes del peronismo que le fueron afines su sólida formación -política y ética- adquirida en las fuentes del humanismo cristiano.

Gran conversador, hombre de consensos y reconciliaciones, hizo de la amistad un valor por encima incluso de las querellas políticas. Respetado por las grandes figuras de la democracia cristiana (el senador José Antonio Allende, entre otros), jamás usó estos vínculos en provecho personal.

Compartí con él los intensos años setenta y la experiencia del Partido Tres Banderas ya en los años ochenta. Una convivencia ilusionada que me permitió conocer, en Marcelino Arias Esquiú, con sus modos elegantes y pausados, un verdadero ejemplo de hombre político, que ojalá pudiera inspirar a las nuevas generaciones.

Muchas gracias.

(Para FM Aries)