Hace unos días presenté la siguiente denuncia:
DENUNCIA VIOLACIÓN DE LOS DERECHO DE NIÑOS
Salta, 23 de febrero de 2011.
Señor Ministro de Gobierno, Seguridad y Derechos Humanos
Dr. Pablo KOSSINER
Me dirijo a usted en mi condición de ciudadano con domicilio en la ciudad de Salta (calle Rivadavia 662, departamento 5), con el fin de instar las diligencias que correspondan para tutelar los derechos de las menores de 5 y 7 años, hijas de Laura VACA y de Marcos VERA, con domicilio ocasional en el Barrio Primera Junta de esta ciudad de Salta.
La violación de sus derechos fundamentales ha sido realizada por el diario “EL TRIBUNO”, en su edición del 22 de febrero de 2011 que acompaño.
La crónica periodística brinda suficientes elementos para que terceras personas (vecinos, familiares, compañeros de escuela) puedan identificar a las menores, y se explaya, excediendo los márgenes de la simple información de un hecho con interés público, sobre circunstancias penosas que dañan su honor y su intimidad, actuales y futuros.
La noticia repugna la conciencia cívica y a cualquier persona que vea en el respeto al honor y a la intimidad de todos un valor fundamental.
Invoco las garantías de la Constitución Nacional (artículo 19), de la Convención de los Derechos del Niño (de rango constitucional según el artículo 75.22 de la CN), de la Constitución Provincial (artículos 17 y 33), y de la Ley 26.061.
Por lo expuesto, pido al señor Ministro ordene las diligencias del caso orientadas a hacer cesar y reparar los daños infligidos a las menores.
Saludo a usted atentamente,
viernes, 13 de mayo de 2011
El Tribuno y los Derechos Fundamentales
El asesinato de un asesino
El asesinato del terrorista Osama BIN LADEN por tropas de elite del ejército de los EEUU me ha parecido un acto repudiable. Y no porque tenga la más mínima simpatía con tan sanguinario personaje, uno de los tantos que mezclan religión y política para justificar violencias, crímenes y desmesuras.
El terrorista asesinado merecía un juicio con todas las garantías en donde se analizaran sus responsabilidades y se aplicarán, por jueces independientes, las condenas que el derecho penal reserva para actos como los atentados en las Torres Gemelas o en el Metro de Madrid.
Sometiéndolo a juicio, con independencia de las intricadas cuestiones jurídicas que el caso suscita, sobre todo por la negativa de los EEUU a ratificar la creación del Tribunal Penal Internacional, las democracias basadas en el respeto a los Derechos Humanos hubieran demostrado su supremacía respecto de los regímenes autoritarios y de los fundamentalismos.
Los argumentos expuestos por los portavoces del gobierno de los EEUU, además de su falacia, se esgrimen para tratar de legitimar una operación militar que repugna la conciencia humanista. Los relatos y las imágenes difundidas al unísono por los gobiernos amigos de la primera potencia mundial, incluido el argentino, no alcanzan para hacer digerible un asesinato.
Algunos argentinos hemos aprendido a través de las lecciones que nos dejó la tragedia de nuestros años setenta, que los crimines del terrorismo no pueden ser perseguidos con crímenes del Estado. Sabemos, por encima de las reescrituras que hoy ensayan los antiguos cultores de la violencia, que responder al terrorismo con más terrorismo conduce al infierno.
Un infierno que padecen los inocentes, que alumbra dictaduras crueles, que daña de manera perdurable la moral colectiva (la frase “por algo será” es expresión relevante de esta degradación). Un infierno que, como todo infierno, no conduce nunca al paraíso de paz y fraternidad que pregonan los que asesinan en nombre de una Idea que presentan como Única, Verdadera y Superior. Un infierno que, como si todo esto fuera poco, reaparece año tras año con leves o trágicos cambios en los roles de perseguidores y perseguidos, de triunfadores y derrotados.
Puede que los argentinos nunca nos pongamos de acuerdo acerca de cuándo comenzó la espiral de crímenes políticos: Si con el asesinato del General Aramburú por sospechosos niñatos de formación religiosa y nacionalista, o con el asesinato del General Valle por la dictadura que se autodenominó revolución libertadora. El que nuestra historia esté plagada de crímenes políticos dificulta este, por otra parte inútil, ensayo de atribución de responsabilidades. Lo que si sabemos muchos, es que el terrorismo debe ser combatido con la ley en la mano.
El terrorista asesinado merecía un juicio con todas las garantías en donde se analizaran sus responsabilidades y se aplicarán, por jueces independientes, las condenas que el derecho penal reserva para actos como los atentados en las Torres Gemelas o en el Metro de Madrid.
Sometiéndolo a juicio, con independencia de las intricadas cuestiones jurídicas que el caso suscita, sobre todo por la negativa de los EEUU a ratificar la creación del Tribunal Penal Internacional, las democracias basadas en el respeto a los Derechos Humanos hubieran demostrado su supremacía respecto de los regímenes autoritarios y de los fundamentalismos.
Los argumentos expuestos por los portavoces del gobierno de los EEUU, además de su falacia, se esgrimen para tratar de legitimar una operación militar que repugna la conciencia humanista. Los relatos y las imágenes difundidas al unísono por los gobiernos amigos de la primera potencia mundial, incluido el argentino, no alcanzan para hacer digerible un asesinato.
Algunos argentinos hemos aprendido a través de las lecciones que nos dejó la tragedia de nuestros años setenta, que los crimines del terrorismo no pueden ser perseguidos con crímenes del Estado. Sabemos, por encima de las reescrituras que hoy ensayan los antiguos cultores de la violencia, que responder al terrorismo con más terrorismo conduce al infierno.
Un infierno que padecen los inocentes, que alumbra dictaduras crueles, que daña de manera perdurable la moral colectiva (la frase “por algo será” es expresión relevante de esta degradación). Un infierno que, como todo infierno, no conduce nunca al paraíso de paz y fraternidad que pregonan los que asesinan en nombre de una Idea que presentan como Única, Verdadera y Superior. Un infierno que, como si todo esto fuera poco, reaparece año tras año con leves o trágicos cambios en los roles de perseguidores y perseguidos, de triunfadores y derrotados.
Puede que los argentinos nunca nos pongamos de acuerdo acerca de cuándo comenzó la espiral de crímenes políticos: Si con el asesinato del General Aramburú por sospechosos niñatos de formación religiosa y nacionalista, o con el asesinato del General Valle por la dictadura que se autodenominó revolución libertadora. El que nuestra historia esté plagada de crímenes políticos dificulta este, por otra parte inútil, ensayo de atribución de responsabilidades. Lo que si sabemos muchos, es que el terrorismo debe ser combatido con la ley en la mano.
martes, 10 de mayo de 2011
La Cadena Nacional de Radio y Televisión
En la pasada edición del programa CARA a CARA (que conduce por televisión el periodista Mario Peña) los contertulios analizamos el excesivo recurso a la cadena nacional de radios y televisión en el que incurren algunos presidentes de la república.
Pienso que la apelación reiterada a la red nacional en tiempos como los actuales no se justifica moral ni políticamente. Sobre todo cuando las altas autoridades la usan para actos de propaganda, para satisfacer su vanidad o para emitir comentarios frívolos.
Lo que mandan los cánones republicanos es respetar la libertad de expresión y no obligar a las emisoras a encadenarse para satisfacer órdenes oficiales en tiempos de paz.
Un canon ampliamente violado en épocas de dictaduras (aunque a los últimos dictadores argentinos poco les importaba la opinión pública), y también el "tiempos peronistas" donde el Mago Alejandro APOLD utilizó la radio para una fenomenal operación de propaganda masiva.
En el caso de la actual señora Presidenta de la Nación, soy de los que piensan que ha incurrido en excesos a la hora de utilizar la red nacional de radio y televisión.
Pero más allá de los reproches a la cantidad de mensajes, creo que es criticable la preferencia que Cristina Fernández de Kirchner por el monólogo. Siendo una buena parlamentaria, resulta lamentable que no dialogue con la oposición o que rehúya las ruedas de prensa. Su atril distante es más propio de un monarca que de un jefe de gobierno republicano.
Por lo que se refiere a los contenidos de los mensajes presidenciales, hay cuatro recientes que me han parecido muy atinados.
A mi entender, la señora Cristina Fernández de Kirchner acertó al desautorizar a sus fieles que pretendían impedir la presencia del Premio Nobel de Literatura.
Volvió a acertar cuando pidió moderación a los sindicatos y responsabilidad a los empresarios encargados de negociar colectivamente los salarios.
Su tercer acierto (empañado por la apropiación forzosa del ahorro de los trabajadores) consistió en la defensa de la participación de representantes estatales en los directorios de las empresas privadas donde la ANSES es accionista.
En los años setenta, un viejo amigo mío, en su entusiasmo militante, sostenía que la señora Isabel Martínez de Perón, detenida por la dictadura en un lugar de la Patagonia, conducía a la grey peronista con su forzado silencio. Claro, este amigo creía haber desarrollado un método infalible para traducir esos silencios en consignas.
Traigo a colación este recuerdo para señalar que, como en el caso del común de los mortales, las autoridades a veces hablan con su silencio o con sus gestos.
Y creo que el cuarto acierto de la señora Presidenta fue no concurrir al acto del primero de Mayo montado para mayor gloria y honra del señor Hugo Moyano que, además de abusar del monopolio sindical, viene proponiendo formas corporativas de conducción de los asuntos públicos.
Pienso que la apelación reiterada a la red nacional en tiempos como los actuales no se justifica moral ni políticamente. Sobre todo cuando las altas autoridades la usan para actos de propaganda, para satisfacer su vanidad o para emitir comentarios frívolos.
Lo que mandan los cánones republicanos es respetar la libertad de expresión y no obligar a las emisoras a encadenarse para satisfacer órdenes oficiales en tiempos de paz.
Un canon ampliamente violado en épocas de dictaduras (aunque a los últimos dictadores argentinos poco les importaba la opinión pública), y también el "tiempos peronistas" donde el Mago Alejandro APOLD utilizó la radio para una fenomenal operación de propaganda masiva.
En el caso de la actual señora Presidenta de la Nación, soy de los que piensan que ha incurrido en excesos a la hora de utilizar la red nacional de radio y televisión.
Pero más allá de los reproches a la cantidad de mensajes, creo que es criticable la preferencia que Cristina Fernández de Kirchner por el monólogo. Siendo una buena parlamentaria, resulta lamentable que no dialogue con la oposición o que rehúya las ruedas de prensa. Su atril distante es más propio de un monarca que de un jefe de gobierno republicano.
Por lo que se refiere a los contenidos de los mensajes presidenciales, hay cuatro recientes que me han parecido muy atinados.
A mi entender, la señora Cristina Fernández de Kirchner acertó al desautorizar a sus fieles que pretendían impedir la presencia del Premio Nobel de Literatura.
Volvió a acertar cuando pidió moderación a los sindicatos y responsabilidad a los empresarios encargados de negociar colectivamente los salarios.
Su tercer acierto (empañado por la apropiación forzosa del ahorro de los trabajadores) consistió en la defensa de la participación de representantes estatales en los directorios de las empresas privadas donde la ANSES es accionista.
En los años setenta, un viejo amigo mío, en su entusiasmo militante, sostenía que la señora Isabel Martínez de Perón, detenida por la dictadura en un lugar de la Patagonia, conducía a la grey peronista con su forzado silencio. Claro, este amigo creía haber desarrollado un método infalible para traducir esos silencios en consignas.
Traigo a colación este recuerdo para señalar que, como en el caso del común de los mortales, las autoridades a veces hablan con su silencio o con sus gestos.
Y creo que el cuarto acierto de la señora Presidenta fue no concurrir al acto del primero de Mayo montado para mayor gloria y honra del señor Hugo Moyano que, además de abusar del monopolio sindical, viene proponiendo formas corporativas de conducción de los asuntos públicos.
viernes, 6 de mayo de 2011
Urtubey gira ¿o retoca su maquillaje?
El señor Gobernador de nuestra Provincia ha protagonizado dos acontecimientos que le valieron notoriedad nacional y que, en mi modesta opinión, constituyeron dos aciertos simbólicos.
En primer lugar, se atrevió a calificar de pianta votos al todopoderoso secretario general de la CGT, señor Hugo MOYANO. Sorprendió a muchos que el señor Urtubey se expresara de esta forma respecto de uno de los pilares de la coalición que lidera la Presidenta de la República. Pero el resultado electoral de Salta lo habilitaba para tal apreciación que, muy probablemente, fue consultada con las altas esferas del poder nacional.
El segundo acontecimiento positivo fue la invitación que formuló al Premio Nobel de Literatura Mario Vargas Llosa. En realidad, nuestro Gobernador, a diferencia de su antecesor, disfruta conversando con personalidades inteligentes. Fue así como pasaron por Salta los ex Presidentes Eduardo FREI y Julio María SANGUINETI, el gran pensador Roberto MANGABEIRA y ahora Mario VARGAS LLOSA.
En realidad el acierto del señor Gobernador radica en la selección de intelectuales y políticos que, como es notorio, mantienen posiciones críticas respecto del peronismo. Da con ello una clara señal de inteligencia, de apertura mental y de apego al pluralismo que seguramente molestará a muchos de los que conforman aquella poderosa coalición kirchnerista.
Pero luego de este personal elogio a ambas decisiones del señor Urtubey, debo expresar mis dudas sobre las motivaciones y la coherencia de las mismas con su concreto comportamiento político. ¿Buscó posicionarse en el panorama nacional como un líder independiente y centrista? O, por el contrario, ¿está anunciando un giro hacia posiciones republicanas?
Sería de lamentar que se tratase de una simple operación de maquillaje político, de una más. Pero los expertos en marketing electoral saben cómo transformar un caudillo de provincias en un líder nacional; lo hemos visto en varios casos recientes. Los malpensados podrían incluso recordar el afán de ciertos autócratas de rodearse de gente de brillo intelectual. No es mi caso.
Pero para que aquellas declaraciones y esa invitación se correspondan con un deseable giro republicano, el señor Gobernador debería poner en marcha una reforma política que acabe con las reelecciones y las distorsiones que emergen del régimen electoral.
Una reforma que garantice la independencia de los jueces y de los órganos de control.
Que termine con la preeminencia del dinero en la política.
Que renuncie a manipular a los partidos políticos en beneficio de su hegemonía.
Que haga transparentes todas sus decisiones, incluida la distribución de la publicidad oficial.
Que respete a los Intendentes electos en listas opositoras.
Serán señales esperanzadoras para los salteños y mostrarán que ha escuchado con provecho.
En primer lugar, se atrevió a calificar de pianta votos al todopoderoso secretario general de la CGT, señor Hugo MOYANO. Sorprendió a muchos que el señor Urtubey se expresara de esta forma respecto de uno de los pilares de la coalición que lidera la Presidenta de la República. Pero el resultado electoral de Salta lo habilitaba para tal apreciación que, muy probablemente, fue consultada con las altas esferas del poder nacional.
El segundo acontecimiento positivo fue la invitación que formuló al Premio Nobel de Literatura Mario Vargas Llosa. En realidad, nuestro Gobernador, a diferencia de su antecesor, disfruta conversando con personalidades inteligentes. Fue así como pasaron por Salta los ex Presidentes Eduardo FREI y Julio María SANGUINETI, el gran pensador Roberto MANGABEIRA y ahora Mario VARGAS LLOSA.
En realidad el acierto del señor Gobernador radica en la selección de intelectuales y políticos que, como es notorio, mantienen posiciones críticas respecto del peronismo. Da con ello una clara señal de inteligencia, de apertura mental y de apego al pluralismo que seguramente molestará a muchos de los que conforman aquella poderosa coalición kirchnerista.
Pero luego de este personal elogio a ambas decisiones del señor Urtubey, debo expresar mis dudas sobre las motivaciones y la coherencia de las mismas con su concreto comportamiento político. ¿Buscó posicionarse en el panorama nacional como un líder independiente y centrista? O, por el contrario, ¿está anunciando un giro hacia posiciones republicanas?
Sería de lamentar que se tratase de una simple operación de maquillaje político, de una más. Pero los expertos en marketing electoral saben cómo transformar un caudillo de provincias en un líder nacional; lo hemos visto en varios casos recientes. Los malpensados podrían incluso recordar el afán de ciertos autócratas de rodearse de gente de brillo intelectual. No es mi caso.
Pero para que aquellas declaraciones y esa invitación se correspondan con un deseable giro republicano, el señor Gobernador debería poner en marcha una reforma política que acabe con las reelecciones y las distorsiones que emergen del régimen electoral.
Una reforma que garantice la independencia de los jueces y de los órganos de control.
Que termine con la preeminencia del dinero en la política.
Que renuncie a manipular a los partidos políticos en beneficio de su hegemonía.
Que haga transparentes todas sus decisiones, incluida la distribución de la publicidad oficial.
Que respete a los Intendentes electos en listas opositoras.
Serán señales esperanzadoras para los salteños y mostrarán que ha escuchado con provecho.
martes, 3 de mayo de 2011
Primero de Mayo rojo y azul y blanco
La del Primero de Mayo es una de las celebraciones anuales de mayor trascendencia internacional. Buena parte de la historia argentina, sobre todo de la historia de las relaciones laborales, puede reconstruirse a partir de esta celebración y de sus características.
Hubo un tiempo, antes de 1945, en el que los sindicatos argentinos eran de izquierda (anarquistas, socialistas o comunistas) y estaban construidos sobre moldes europeos. Entonces, los Primeros de Mayo se celebraran cantando La Internacional (una marcha de extraordinaria belleza), flameando banderas rojas e impugnando al régimen de turno.
Hasta que llegó el Coronel y mandó parar. Casi bruscamente los principales sindicatos y sus líderes abandonaron sus anteriores adscripciones o fueron reemplazados por quienes veían en Perón la solución de todos los problemas obreros.
Pronto el Primero de Mayo se transformó en una cita festiva que celebrara la fidelidad recíproca que unía a los trabajadores con el General y cuyos términos bien expresaba la marcha Los Muchachos Peronistas ("casi me amasijan una noche por ella").
Más tarde, en los años no peronistas, el Primero de Mayo fue fecha de luchas, de represión o de abstinencia. Pero no volverían ya, al menos en los actos masivos, las banderas rojas, ni La Internacional. Cuando en 1973 Perón intentó recrear el clima festivo de los años 50, una multitud de jovenes sedicentes peronistas protestó contra el clima festivo que incluía la elección de la Reina del Trabajo.
En tiempos de la recobrada democracia, pocos fueron los Secretarios Generales de la CGT que se animaron a ocupar tribunas ante la multitud. Saúl Ubaldini, con su discurso rabioso, honrado y sin matices fue uno de ellos.
Ahora retumba la engañosa voz del varias veces poderoso Hugo Moyano que convoca a los trabajadores ocupados y que gozan de los beneficios de un convenio colectivo; vale decir, de los 15 millones de trabajadores el señor Moyano representa, al menos en teoría, a 3 millones; son los que disponen de una media salarial mensual que ronda los 6.000$.
Por eso sus principales preocupaciones no son ni la inflación, ni la pobreza, ni la indigencia, ni menos aún la libertad y la democracia sindicales, sino las candidaturas para las próximas elecciones; sus relaciones con el Gobierno, y por su intermedio, con los jueces; el reparto de ganancias en favor de los ocupados con convenio colectivo; la defensa del monopolio sindical; el control absoluto de las obras sociales y sus negocios conexos.
Los trabajadores de todo el mundo necesitan, sin duda, sindicatos fuertes y eficaces. Pero en la Argentina las diferencias de poder y riqueza entre los trabajadores y algunos de sus dirigentes resultan irritantes.
Afortunadamente, hay indicios de que en nuestro país los trabajadores han comenzado a buscar nuevos horizontes y a construir espacios de autonomía.
Hubo un tiempo, antes de 1945, en el que los sindicatos argentinos eran de izquierda (anarquistas, socialistas o comunistas) y estaban construidos sobre moldes europeos. Entonces, los Primeros de Mayo se celebraran cantando La Internacional (una marcha de extraordinaria belleza), flameando banderas rojas e impugnando al régimen de turno.
Hasta que llegó el Coronel y mandó parar. Casi bruscamente los principales sindicatos y sus líderes abandonaron sus anteriores adscripciones o fueron reemplazados por quienes veían en Perón la solución de todos los problemas obreros.
Pronto el Primero de Mayo se transformó en una cita festiva que celebrara la fidelidad recíproca que unía a los trabajadores con el General y cuyos términos bien expresaba la marcha Los Muchachos Peronistas ("casi me amasijan una noche por ella").
Más tarde, en los años no peronistas, el Primero de Mayo fue fecha de luchas, de represión o de abstinencia. Pero no volverían ya, al menos en los actos masivos, las banderas rojas, ni La Internacional. Cuando en 1973 Perón intentó recrear el clima festivo de los años 50, una multitud de jovenes sedicentes peronistas protestó contra el clima festivo que incluía la elección de la Reina del Trabajo.
En tiempos de la recobrada democracia, pocos fueron los Secretarios Generales de la CGT que se animaron a ocupar tribunas ante la multitud. Saúl Ubaldini, con su discurso rabioso, honrado y sin matices fue uno de ellos.
Ahora retumba la engañosa voz del varias veces poderoso Hugo Moyano que convoca a los trabajadores ocupados y que gozan de los beneficios de un convenio colectivo; vale decir, de los 15 millones de trabajadores el señor Moyano representa, al menos en teoría, a 3 millones; son los que disponen de una media salarial mensual que ronda los 6.000$.
Por eso sus principales preocupaciones no son ni la inflación, ni la pobreza, ni la indigencia, ni menos aún la libertad y la democracia sindicales, sino las candidaturas para las próximas elecciones; sus relaciones con el Gobierno, y por su intermedio, con los jueces; el reparto de ganancias en favor de los ocupados con convenio colectivo; la defensa del monopolio sindical; el control absoluto de las obras sociales y sus negocios conexos.
Los trabajadores de todo el mundo necesitan, sin duda, sindicatos fuertes y eficaces. Pero en la Argentina las diferencias de poder y riqueza entre los trabajadores y algunos de sus dirigentes resultan irritantes.
Afortunadamente, hay indicios de que en nuestro país los trabajadores han comenzado a buscar nuevos horizontes y a construir espacios de autonomía.
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